Cómo uso la IA para pensar más y mejor(y no para dejar de hacerlo)
La IA no piensa por ti, pero puede ayudarte a capturar la chispa, ordenar el caos, recibir crítica y dar forma a ideas. Un workflow concreto de principio a fin.
Creado: 2025-04-30 17:01
A veces me dicen que la inteligencia artificial solo sirve para automatizar tareas repetitivas, que es un buen ejecutor pero que no puede sustituirnos en las tareas más creativas, y que ahí seguimos solos (a veces añaden que menos mal 😅). Pero no estoy de acuerdo. Si sabes cómo usarla, se convierte en algo mucho más potente: una ayuda para pensar , explorar ideas, pulir razonamientos y, sobre todo, tomar distancia para ver con más claridad.
Apoyarte en una IA no significa que pienses menos, igual que escribir con un teclado o hacer fuego con un mechero no te vuelve más vago que escribir a mano o frotar dos palos. No se trata de reemplazar tu pensamiento, sino de darle espacio y estructura. Significa que puedes dedicar más energía y foco a lo que realmente importa : entender, decidir, crear.
Igual que pelotear ideas con un amigo o un compañero de trabajo puede ayudarte a ver las cosas desde otra perspectiva o desbloquearte, puedes hacer lo mismo con la inteligencia artificial. No sustituye la conversación humana, pero sí te da una segunda voz para contrastar, probar y construir.
La chispa inicial
Las buenas ideas aparecen cuando menos te lo esperas: mientras cocinas, corres o vas en el transporte público. Son ráfagas, conexiones espontáneas que aparecen sin previo aviso. Lo importante en ese momento no es desarrollarlas, sino no dejarlas escapar. Captura lo que puedas, como puedas: una nota de voz, un post-it, una frase rápida en las notas del móvil.

System settings > Keyboard
Yo, si estoy en el ordenador, suelo usar un atajo en mi Mac que activa el dictado por voz (esto lo uso ya casi tanto como el teclado, al menos cuando estoy solo). Desde el móvil, grabo notas de voz o escribo en la app de notas, lo que tenga más a mano. No hace falta que esté perfecto: lo esencial es registrar esa chispa antes de que se apague o mi memoria de pez lo olvide.
Volcado de ideas
Una vez tengo algo más sólido (una idea que ha madurado un poco o un conjunto de pensamientos dispersos), lo paso a mi herramienta de IA. Este es el momento en el que dejo de estar solo con mis pensamientos y los pongo a dialogar con una inteligencia artificial que no se cansa y siempre está disponible.
A veces copio y pego textos sueltos desde mis notas o las notas de voz de las que hablábamos antes, Otras, amplío la información de contexto con capturas de pantallas de dibujos hechos a mano, imágenes de una pizarra o documentos PDF con información técnica o de contexto sobre el proyecto en el que quiero trabajar. También puedo incorporar enlaces, fragmentos de conversaciones o ideas que surgieron en otros proyectos. Cuanta más información y contexto le doy a la IA, más rica puede ser la conversación que tenga con ella. Es como sentarse a una primera reunión con alguien que va a ayudarte a poner orden, pero sin necesidad de explicarle todo desde cero cada vez.
Ordenar el caos
Con el material en bruto en la pantalla, empieza uno de mis momentos favoritos del proceso: convertir el caos en algo con forma. Le pido a la IA que me ayude a completar frases esbozadas, a desarrollar ideas que quedaron a medias o a unir puntos que todavía no sé si encajan del todo. Le digo que me proponga estructuras , que agrupe las ideas por temas, por fases o por niveles de profundidad. A veces le pido que me sugiera distintos ángulos desde los que mirar el mismo contenido: ¿cómo lo contaría para alguien que no sabe nada del tema?, ¿cómo lo explicaría si solo tuviera tres frases?, ¿y si lo convierto en un timeline?
En esta fase también es muy útil pedirle que me muestre qué partes pueden estar repetidas, poco claras o desordenadas. Le pido que actúe como editor: que saque la tijera, que simplifique, que ordene. La IA no tiene apegos, no le cuesta desbrozar ni quitar ese párrafo que tanto te gusta pero que está repetido.
Algunas preguntas útiles:
- ¿Puedes agrupar estas ideas por temas o bloques?
- Completa estas frases inconclusas y ordénalas con lógica.
- ¿Qué piezas se me han quedado atrás en el razonamiento?.
- ¿Qué partes están repetidas o mal estructuradas?
Que me lleve la contraria
Una vez que las ideas clave están más o menos ordenadas, que he identificado alguna que no había visto al principio y eliminado otras que no merecían la pena, llega uno de los pasos más interesantes: abrir el diálogo. Porque sí, se puede tener una conversación con una inteligencia artificial. Y, si la guías bien, puede ser sorprendentemente útil.
Aquí no quiero una IA que me diga que todo está bien. Quiero una que me desafíe. Le pido que busque contradicciones internas, que me pregunte por los supuestos que estoy dando por sentados, que me diga qué falta, qué está cojo o qué podría entenderse de otra manera. Le puedo pedir que adopte otros puntos de vista: el de alguien escéptico, el de un experto técnico, el de una persona que no sabe nada del tema. También le pido que haga de abogado del diablo y trate de desmontar mis argumentos.
Esto no solo me ayuda a pulir lo que estoy escribiendo. Me obliga a pensar mejor. Porque cuando tienes que defender una idea, afinarla, responder a objeciones o reformularla para que se entienda mejor, te das cuenta de si realmente sabes de lo que estás hablando. Esa es una de las mejores formas de usar la IA: no como eco, sino como espejo.
¿Cómo explotar esta parte?:
- ¿Dónde ves contradicciones en este texto?
- No me des la razón, busca agujeros y discute mis ideas.
- ¿Qué supuestos estoy dando por hecho aquí?
- Pregúntame cosas sobre este razonamiento que no te vaya a saber responder.
Darle forma
Cuando ya tengo las ideas más claras, es el momento de darles una forma que se pueda compartir. Aquí la IA vuelve a ser una aliada potente: le pido que transforme esas ideas en un formato útil para lo que necesito. Puede ser un resumen para aclararme yo, una estructura tipo post para publicar en redes, un esquema para una presentación, o incluso una narrativa más extensa si estoy escribiendo un artículo o preparando una charla.
Lo interesante es que puedo pedirle distintas versiones: una más formal, otra más conversacional, una en forma de lista, otra como historia. Y así elegir la que más encaja. También puedo afinar el tono, la extensión. Le pido que recorte, que reescriba, que condense o que expanda. Y en esa ida y vuelta, no solo mejora el texto: también sigo mejorando yo lo que quiero decir. Porque muchas veces, al ver cómo lo expresa la IA, descubro que aún no tenía tan claro lo que quería contar.
Es como tener un editor y un redactor a tu lado, que no se cansa, que trabaja rápido y que está dispuesto a rehacer todo las veces que haga falta.
Prompts útiles:
- Redáctalo como si fuera un post para LinkedIn.
- Resume este texto en 5 frases.
- Reescribe esto con un tono más conversacional.
- Haz una versión narrativa y otra en formato lista.
¿Qué modelo uso?
Depende del momento, del objetivo y de la herramienta que tenga a mano. Para tareas rápidas, como resumir, reordenar o redactar un primer borrador, normalmente uso modelos conversacionales. GPT-4o de OpenAI es muy versátil y tiene buen equilibrio entre comprensión, velocidad y tono. También he probado Claude 3 de Anthropic y Gemini de Google, que funcionan bien para generar texto fluido y tienen contextos largos que permiten trabajar con más información a la vez.
Pero cuando quiero ir un poco más allá, cuando necesito que la IA piense conmigo, detecte contradicciones o explore razonamientos complejos, prefiero usar modelos razonadores , que están diseñados para tareas más profundas. o4 mini , de OpenAI, o Claude 3.7 Sonnet, de Anthropic por ejemplo, son muy buenos para razonamiento y análisis crítico. También funciona muy bien Gemini 2.5.
No hace falta complicarse al principio. La mayoría de las veces, un buen modelo generalista sirve, pero está bien saber que tienes más opciones si las necesitas. Lo más importante no es cuál eliges, sino cómo lo usas: qué le das, qué le pides y qué haces con lo que recibes.
Pensar con otros, aunque no sean humanos
La IA no piensa por mí. Pero me ayuda a pensar mejor, más rápido y con más perspectiva. Me ayuda a no perder la chispa cuando aparece, a capturar ideas que de otro modo se esfumarían, a convertir el caos en claridad, a cuestionar mis propios razonamientos y a dar forma a lo que quiero compartir con otros. Es como tener un compañero de trabajo silencioso, siempre disponible, que no se cansa de escuchar ni de proponer.
En un mundo que nos exige cada vez más velocidad y claridad, poder pensar acompañado, aunque sea por una máquina, es una ventaja. No se trata de dejar de pensar, sino de pensar mejor. No se trata de sustituir el juicio humano, sino de reforzarlo. La IA, usada con criterio, no nos quita profundidad, nos la devuelve.