Cuando todo es "contenido": nadie cantando y nadie escuchando
Un hombre de Carolina del Norte estafó 10 millones subiendo canciones de IA con bots en bucle: Spotify como plataforma de métricas vacías, no de música.
Creado: 2024-09-09 10:30
El día que la música murió (¿o fue asesinada?)
Hoy el chat de Both rocks! ha estado revuelto desde primera hora, incluso antes del café. La noticia tiene todos los ingredientes que nos gustan en la compañía: música, tecnología y carnaza.
Acompáñame en este viaje al corazón de un mundo donde las canciones no las canta nadie y nadie las escucha.
El caso Smith: La sinfonía perfecta del fraude digital
Leo en el The New York Times que Michael Smith, un hombre de Carolina del Norte, ha sido acusado de un fraude que sacude un poco más los cimientos de la industria musical. Vayamos por partes, que esto tiene miga:
- La creación del contenido falso : Smith creó cientos de miles de canciones falsas de bandas que solo existían en su imaginación.
- La distribución masiva : Estas canciones fantasma no se quedaron en su disco duro. Smith las subió a las grandes plataformas: Spotify, Apple Music, Amazon Music. Estamos hablando de una invasión a gran escala.
- El ejército de bots : Aquí es donde la cosa se pone interesante. Creó un ejército de oyentes falsos, bots programados para reproducir sus canciones en bucle.
- Las cifras del fraude : ¿El resultado de esta operación? Nada menos que 10 millones de dólares en beneficios. Y no, no lo hizo de la noche a la mañana. Este esquema fraudulento se mantuvo durante 7 largos años.
- La sofisticación del engaño : Smith no era ningún aficionado. Desarrolló software específico para que las reproducciones parecieran provenir de diferentes ordenadores, simulando patrones de escucha humanos. Creó 10.000 cuentas falsas de streaming, cada una con su propia dirección de correo.
La evolución de un fraude: De lo artesanal a lo industrial
Lo fascinante de este caso es cómo evolucionó con el tiempo, adaptándose a las nuevas tecnologías:
- Fase 1 - “Esto lo hago yo” : Smith comenzó usando su propia música. Empieza “lean” para validar el proyecto y luego lo escalas, de primero de startup.
- Fase 2 - “Tengo un amigo que…” : Luego recurrió al catálogo de un publicista musical. Aquí ya vemos cómo el fraude se expande, involucrando a más actores.
- Fase 3 - “Eso lo hace la IA” : Finalmente, se asoció con una compañía de música por IA para generar un catálogo enorme de canciones falsas. Es en este punto donde el fraude alcanza proporciones industriales.
Este caso me ha recordado al escándalo de “La Rueda” en España. Para los que no lo recuerden, fue un caso donde la SGAE, en connivencia con algunas cadenas de TV, emitía música de madrugada que nadie veía pero que computaba como reproducciones. ¿El resultado? Más de 60 millones de euros repartidos entre unos pocos autores. La historia se repite, pero ahora a escala global y con esteroides tecnológicos.
Las consecuencias: Cuando la justicia se enfrenta a la tecnología
Smith no se va a ir de rositas. Se enfrenta a cargos de fraude electrónico y conspiración de lavado de dinero. Cada cargo conlleva una pena máxima de 20 años de prisión. Es el primer caso penal de este tipo presentado por la fiscalía de EE.UU., pero algo me dice que no será el último. Estamos ante la punta del iceberg de un nuevo tipo de delito digital.
¿Qué nos depara el futuro?
Este caso, aunque hemos visto que no es nuevo, abre la caja de Pandora y nos obliga a hacernos preguntas incómodas sobre el futuro del contenido digital:
Plataformas como Spotify, al igual que las plataformas de streaming de vídeo, medios de comunicación o redes sociales, están tratando la música, el cine o el periodismo como mero “contenido”, piezas intercambiables cuyo único propósito es mantenernos pegados a la app. Dos ejemplos recientes me han dejado alucinando:
- El “TikTok” musical : Spotify ha introducido una función que muestra las canciones a pantalla completa, pero solo reproduce 20-30 segundos. Deslizas hacia arriba y pasas a la siguiente. ¿Os suena? Sí, es el comportamiento de TikTok, copiado luego por Instagram, aplicado a la música.
- “Eat this playlist” : Un nuevo modo de “escucha” donde tienes que mover una flecha para “atrapar” el icono del disco mientras suena la canción de fondo. Tu “serpiente” crece saltando de trozo en trozo de canción. ¿Estamos escuchando música o jugando al Snake?

Los nuevos modos de “reproducción” de Spotify
La batalla de las métricas
El caso Smith pone de manifiesto un problema fundamental: cuando la monetización se basa en métricas fácilmente manipulables el fraude se vuelve tentador. No es un problema nuevo. Los periódicos regalaban de todo con sus dominicales y los comprábamos sin importarnos las noticias, pero los anunciantes pagaban igual si leías o no. Los bancos, sartenes. Google y el SEO han hecho que las búsquedas ya no sean tan fiables.
Spotify y otras plataformas están abanderando la lucha contra el fraude en las reproducciones. Además ha habido rumores de que las propias plataformas subían canciones de artistas inexistentes, músicos misteriosos sin presencia online, que generan royalties que podrían ir a engrosar las arcas de las propias compañías de streaming.
La pregunta es: ¿Cómo podemos diseñar sistemas que recompensen el valor real y no solo las métricas vacías?
La IA y el futuro de la creación de contenido
Estamos entrando en una nueva era donde las compañías que viven de vender contenido podrían no necesitar gastar dinero en producirlo. La IA puede generar música, artículos, vídeos… Estamos entrando en una era donde la línea entre lo real y lo artificial, entre el arte y el contenido, entre el valor y la métrica, se vuelve cada vez más borrosa.
¿Cómo se adaptarán los modelos de negocio a estas nuevas reglas?
Como creadores, consumidores y profesionales del sector, ¿tenemos armas para participar en cómo se modela este futuro, o nos arrollará hagamos lo que hagamos?
Dani Seuba y Juan Alonso, así como el resto de Both rocks! han contribuido a todas estas reflexiones. Thks :)
El título está inspirado en el artículo “Nadie escribiendo y nadie leyendo: los generadores de texto con inteligencia artificial y la ciencia que queremos” de Ariel Guersenzvaig y Javier Sánchez Monedero que te recomiendo encarecidamente.