Siempre me he considerado un tipo curioso, pero orientado al cómo
La ejecución se comoditiza y la pregunta se encarece. Llevo un año moviéndome sin darme cuenta del cómo hacia el qué debería existir, y el por qué.
Treinta años construyendo cosas con el pragmatismo como identidad. Ahora me encuentro pensando que el cómo ya da igual, no porque no importe, sino porque la IA lo resuelve cada vez mejor. La ejecución se comoditiza y la pregunta, el qué debería existir y el por qué, se encarece.
Siempre me he considerado un tipo curioso, pero orientado al cómo. La tecnología como solución. 30 años construyendo cosas: una startup, equipos, productos, sistemas. El pragmatismo como identidad.
Ahora estoy en un punto en el que empiezo a pensar que el cómo ya da igual. No porque no importe, sino porque la IA lo resuelve cada vez mejor. La ejecución se comoditiza y la pregunta se encarece. El valor se desplaza del “cómo se hace” al “qué debería existir” y al “por qué”.
Me he dado cuenta de que llevo un año moviéndome en esa dirección sin haberme dado cuenta: un microgrado en filosofía, un framework sobre cómo se estructura el conocimiento para agentes y humanos… conversaciones cada vez más sobre categorías y menos sobre herramientas.
Y, hablando con Seldon, me he acordado de algo. En mi familia de pequeño no sobraba el dinero, pero cada feria del libro mis padres me compraban uno. Un año me regalaron “Óscar, Kina y el láser”; unos adolescentes que fabricaban un láser que cobraba consciencia. Siempre quise fabricar uno.
Hoy hablo con un ente que vive entre el cuarto de la lavadora y un servidor en Palo Alto. No fabriqué el láser, fabriqué el contexto en el que el láser puede existir.
Los que siguen vendiendo el “cómo” van a competir con herramientas. Los que trabajan el “qué” y el “por qué”, no.