¿Cuánto tiempo llevas publicando en la casa de otro?

Llevo años publicando en plataformas que no son mías. Resulta que un blog propio en tu dominio cuesta €6.25 al mes y se monta en una tarde.

¿Cuánto tiempo llevas publicando en la casa de otro?

Hace unos días me acordé de que tengo posts en Facebook. No sé cuántos, no sé de qué hablan, no sé quién los puede ver ahora mismo. Hace años que no entro y deben de seguir ahí, al alcance de quien Mark Zuckerberg quiera.

No sé si eso me preocupa más o me tranquiliza (tampoco es que fueran mis mejores momentos intelectuales), pero me ha hecho pensar en que en ningún momento de esa relación fui yo el dueño de lo que escribía.

Lo mismo, en distinto grado, ocurre en LinkedIn. LinkedIn decide qué muestra, a quién y cuándo. Ya no existe el feed cronológico de lo que ha publicado la gente a la que sigues, (ah, qué tiempos). Las redes sociales llevan años siendo redes de marketing más que redes sociales: por cada persona que publica lo que le interesa hay decenas de posts patrocinados o con otra intención. Cuando cuentas algo siempre tienes una intención, claro, pero a veces es solo compartir, no necesariamente vender. Esa distinción se ha perdido en el camino.

Esto no es una teoría conspirativa. Es el modelo de negocio de cualquier plataforma: te dan distribución gratuita y a cambio se quedan con los datos, con la relación con tu audiencia y con el control editorial. Tú eres el inquilino.

Dicho esto, publicas donde está la gente que quieres que te lea y, en este momento, para mí, eso sigue siendo LinkedIn. La solución no es marcharse, es no darle las llaves de tu contenido.

La barrera técnica ya no existe

Hace unas semanas decidí montar algo propio. No por purismo digital (bueno, un poco también🤣), sino porque quería una dirección mía, una lista de lectores que fuera mía y un backup que durmiera en casa.

Lo que me sorprendió es lo poco que tardé. Con la ayuda de Brain2, mi instancia personal de Claude Code, tuve el stack en marcha en una tarde. Esto importa, porque durante años la razón implícita para publicar en plataformas de terceros era que montar algo propio era complicado. Ya no lo es.

Lo que monté

El resultado es una infraestructura similar a Substack, de donde probablemente recibes el 90% de las newsletters que lees. Aquí el inventario para los curiosos; el resto puede saltar directamente al precio:

  • Ghost 5 como CMS. El mismo motor que usan muchas newsletters profesionales
  • MySQL 8 para los posts, las imágenes y la lista de suscriptores
  • Caddy 2 como proxy inverso con HTTPS automático
  • Todo corriendo en un servidor Hetzner CAX11 ARM en Núremberg (UE): 2 vCPUs, 4 GB RAM, 40 GB SSD, a €4.99/mes
  • El dominio juanantoniocasado.es registrado en Infomaniak, un registrar suizo. Lo elegí a propósito lejos del eje de dependencia tecnológica de EE.UU., con buenas garantías de privacidad. ~€15/año
  • Para el email: Brevo (envíos transaccionales, magic links de suscripción) en plan gratuito permanente; Mailgun EU para la newsletter cuando publico. Ambos €0 hasta un volumen razonable
  • Backup cada noche a mi NAS Synology (Marilyn, vive en el cuarto de la lavadora junto a Seldon), conectado por Tailscale sin abrir puertos. Los datos duermen en casa

Cuando terminé de importar el contenido de LinkedIn, aparecieron casi 250 artículos. Yo hubiera apostado por menos de 50. Llevaba años publicando en casa de otro sin saber ni cuánto había dejado ahí.

Coste total: €75/año, es decir, €6.25 al mes, incluyendo el dominio propio.

Para comparar: Ghost Pro cuesta $108/año. Substack es “gratis”, pero pagas con tus datos y la lista de suscriptores no es del todo tuya. La newsletter de LinkedIn también es gratis, pero sigues siendo el inquilino de siempre.

Aunque el dinero es casi lo de menos. Esta aventura me ha enseñado más de lo que esperaba: cómo funciona el email de verdad, qué significa que tus datos vivan en un sitio concreto, qué decisiones estaban tomando silenciosamente las plataformas por mí. Hay una claridad que solo obtienes cuando las cosas son tuyas.

El mapa: qué controlo y qué delego

Lo más valioso del ejercicio fue hacer este mapa para entender dónde vive todo y qué decisiones delegas.

Mío de verdad: - Los posts y las imágenes, en MySQL, en mi servidor en la UE - La lista de suscriptores (de momento, ninguno 😆). Si mañana cambio Mailgun por otro proveedor de email, me la llevo con un export. Ellos entregan el correo; la lista vive en Ghost. El backup, en mi NAS, en casa, con retención de 14 días. El dominio, en un registrar suizo. La voz de la newsletter: sale desde info@juanantoniocasado.es, no desde algo@substack.com. He montado una skill en Brain2 para subir los borradores a Ghost directamente desde el Markdown de mi mac. Suena muy complicado, pero luego ves que no lo es tanto.

Lo que delego (pero es recuperable): El envío físico de los emails lo hacen Mailgun y Brevo, que ven el contenido al despacharlo. Es inevitable con cualquier proveedor, salvo que montes tu propio servidor de correo, y eso es un agujero de tiempo que vivimos en Tecnilógica en su momento y ya no compensa. Lo importante: mi lista no vive en ellos.

Lo que no controlo: Infomaniak podría tumbar el dominio ante un requerimiento legal. Hetzner podría cerrar mi cuenta. La mitigación en ambos casos es el backup: puedo reconstruir el blog en otro proveedor en cuestión de horas.

La soberanía digital no es todo o nada. Es saber exactamente dónde estás expuesto y qué puedes recuperar si algo falla.

Mi argumento final

Por menos de lo que cuesta un café de especialidad al mes tienes la infraestructura, la lista de lectores en tu mano y la tranquilidad de que nadie va a cambiar las reglas mañana, subir precios o vender la plataforma a alguien que no te interesa.

Mis posts de Facebook siguen ahí. Pero los próximos que escriba van a vivir en mi servidor, en Núremberg, con backup en casa.

¿Tú dónde tienes los tuyos? ¿Te atreves a montar un bicho de estos? Ponme un mail y te cuento más detalles de cómo, no es complicado 😎